DE LA COSTILLA DE EVA
(1986)

 

AMOR EN DOS TIEMPOS


I
Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra
mi pajaro carpintero serpiente emplumada
colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel
sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres
el trueno de los mares barco de vela
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce
palmera naciéndome playas en las piernas
alto cocotero tembloroso obelisco de mi perdición
totem de mis tabúes laurel sauce llorón
espuma contra mi piel lluvia manantial
cascada en mi cauce celo de mis andares
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos
venado juguetón de mi selva de madreselva y musgo
centinela de mi risa guardían de los latidos
castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado
de carne de mujer mi hombre vos único talismán
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez
llamame pegame contra tu puerto de olas roncas
llename de tu blanca ternura silenciame los gritos
dejame desparramada mujer.

II
Campanas sonido ulular de sirenas
suelto las riendas galopo carcajadas
pongo fuera de juego las murallas
los diques caen hechos pedazos salto verde
la esperanza el cielo azul sonoros horizontes
que abren vientos para dejarme pasar:
"Abran paso a la mujer que no temió las mareas del amor
ni los huracanes del desprecio
Venció el vino añejo el tinto el blanco
salieron brotando las uvas con su piel suave
redondez de tus dedos lloves sobre mí
lavas tristeza reconstruis faros bibliotecas
de viejos libros con hermosas imágenes
me devolves el gato risón Alicia el conejo
el sombrerero loco los enanos de Blancanieves
el lodo entre los dedos el hálito de infancia
estás en la centella en la ventana desde donde
nace el árbol trompo tacitas te quiero te toco
te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha
hombre desnudo díáfano tambor trompeta
hago música
bailo taconeo me desnudo te envuelvo
me envuelves
besos besos besos besos besos besos besos besos
silencio sueño.

 


 

 

COMO GATA BOCA ARRIBA

 

Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lágrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.


 

 

DEFINICIONES

 

Podríamos tener una discusión sobre el amor.
Yo te diria que amo la curiosa manera
en que tu cuerpo y mi cuerpo se conocen,
exploradores que renuevan
el más antiguo acto del conocimiento.

Diría que amo tu piel y que mi piel te ama,
que amo la escondida torre
que de repente se alza desafiante
y tiembla dentro de mí
buscando la mujer que anida
en lo más profundo de mi interior de hembra.

Diría también que amo tus ojos
que son limpios y también me penetran
con un vaho de ternura o de preguntas.

Diría que amo tu voz
sobre todo cuando decís poemas,
pero también cuando sonás serio,
tan preocupado por entender
este mundo tan ancho y tan ajeno.

Diría que amo encontrarte
y sentir dentro de mí
una mariposa presa
aleteándome en el estómago
y muchas ganas de reírme
de la pura alegría de que exista y estés,
de saber que te gustan las nubes
y el aire frío de los bosques de Matagalpa.

Podríamos discutir si es serio todo esto que te digo.

Si es una quemadura leve, de segundo, tercer o primer grado.

Si hay o no que ponerle nombre a las cosas.
Yo sólo una simple frase afirmo.
Te amo.

 


 

EVOCACIÓN A LA MAGIA

 

¿Te encontraré, Mago?
¿Alguna vez volveré a llorar
con la cara escondida en las rodillas?

¿Alguna vez volveremos a los aeropuertos
sin salas de espera
de donde salíamos como pájaros
prendidos del tiempo y de la última mirada?

¿Volveré a dejarte solo la última noche del año,
saliendo detrás del portazo con mis libros,
o viajaremos cómplices en el secreto,
amándonos y odíándonos,
sentados en una terraza
bajo los fuegos artificiales?

¿Te veré acaso cuando otra vez regrese de alguna parte,
llorando el amor mojado de la desesperación,
contándote que yo pensaba ser Sherezada de tus noches
para que nunca me cortaras la cabeza?

Te encontraré, Mago, en un día sin citas,
sin premeditación,
entre los corteses de tu calle o la mía,
con esta misma nostalgia prendida en la punta de los dedos,
doliéndome las ganas de romper el hechizo quenos hicimos,
el tiempo que desconstruimos
-no vernos para sabernos lejos-
mientras el ojo que no engaña
te refleja en todas las vidrieras de la vida,
en los charcos, las bujias, el cansancio,
en las noches que paso con tu fantasma a cuestas,
ese que me ama
como un loco suelto en medía Revolución,
para siempre jamás,
para siempre, Mago,
para siempre.

 


 

FURIAS PARA DANZAR

 

Voy a cantar mi furia iluminada,
desembarazarme de ella
para poderte amar
sin que cada beso
sea mi cuerpo extendido y desnudo
sobre la piedra ritual.

Yo he amado hombres hermosos,
violentos, dulces, tristes y joviales.
En todos he buscado la luna,
los flujos y reflujos, la marea.
Yo he sido un volcan desparpajado
arrojando lava
y una gaviota volando a ras del agua.
Una paloma alimentando sus pichones,
una leona recorriendo majestuosa las selvas.
He andado veredas de todas suertes
y he sorbido y sudado la vida que me dieran.
He conocido inviernos tormentosos
y los veranos secos en que la piel se parte
con la tierra.
He caminado a lo largo y lo ancho
volado máquinas de todas las especies.
He conocido muertes
y las he amado cubiertas de musgo y lagrimas.

Mas heme aquí levantando arenas de castillos de agua.
Heme aquí danzando alocadamente espejos sin imágenes.
Árbol que se sacude enfurecido las flores
para quedarse desnudo y solo en el atardecer.

Esgrimo bandadas de aves migratorias
que buscan perseguirte en el espacio.
Doblo las ramas del mundo enardecido
y te doy a beber sudor de multitudes.

Te desdeño y acaricio los rizos negros
de la cabellera.
Callo o me lanzo a decir incendidos discursos.
Uso hechizos de mujer o fríos razonamientos de sabios.
Agoto municiones en un combate de enemigos invisibles.

Algún día saldrás del laberinto.
Caminarás por jardines pacíficos atado de recuerdos.
Yo rabiaré las noches
y el tesoro de mis alondras submarinas
estará sumergido en el valle donde nace el huracán.
Ahora salgo descalza piel
a recorrer avenidas
en la desenfrenada carrera de los venados.

Ya se sosegará mi corazón
tejedor de suerte y telarañas.
Ya me sacudirán terremotos
para crear tenues ciudades
paisajes delineados en la espuma.

Algún día moriré de morirme.

Te dejaré tatuado de ruiseñores.
Creceré enredaderas en torno
a tus noches lejanas.
Las espirales de este tiempo que se esfuma
te traerán en el olor de las azaleas
esta mujer que canto
contra Penélopes
para un sordo Ulises navegante.

 


 

IN MEMORIAM

 

Como una inmensa catedral,
ahumada de tiempo y peregrinos,
abierta de vitrales,
cobijada de musgo y pequeñas violetas olorosas,
esta noche oficio para vos
un In Memoriam cálido,
una lámpara ardiendo.

Por los más oscuros pasadizos de mis muros internos,
a través de intrincados laberintos,
de puertas canceladas,
de candados y rejas,
camino hacia el encuentro de tu sombra.
Tu efigie de largas vestiduras monacales
me espera en el atrio del recuerdo
junto a la fuente silenciada.

Arrastro las largas vestiduras del encierro.
No sé si notarás,
cuando callada te me acerque,
como mi corazón semeja un cirio
y como se me amontonan en los ojos
todas las mieles espesas de la sangre.

En el redondo espacio temporal
de esta noche en que invoco tu nombre,
alzo el manto que oculta quedamente el secreto,
te muestro el altar de los suspiros,
la caja cincelada donde guardo tus gestos,
el conjuro de rosas que perfuma mis huesos.
Mi cuerpo tu perenne habitación.
Tu morada de las suaves paredes.

Quizás ya no recuerdes
como ocupabas sus entrañas,
sus celdas enrejadas,
pero ellas conocen los murmullos, los cánticos.
Basta una chispa y lo muerto revive,
lo que pensábase dormido, despierta.

Oficio así esta resurrección,
este rito de invierno,
abierta, florecida como las limonarias.
Te enrostro mi amor enclaustrado,
sepultado tras días y barrotes de acero,
este amor sumergido tras pétalos de agua,
conservado en archivos subterráneos
lapidado, proscrito, negado miles de veces,
intacto zarzal sin consumirse,
delicado reducto que la sangre preserva.
Lo pongo de nuevo en su lugar,
en su jaula del jardín de maduras manzanas,
lo condeno otra vez a la ceguera, lo silencio.

Ya mañana
trataré de olvidar
que, de luto, esta noche
me habitaste de nuevo
y fui aquella mujer que te llamaba
sin que jamás tu voz le respondiera.

 


 

LOS PORTADORES DE SUEÑOS

 

En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción

Pero los siglos y la vida que siempre se renueva
engendraron también una generación de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidíana
guardaban la ternura y el sol de medíanoche.
Sus madres los encontraban llorando por un pájaro muerto
y más tarde tambien los encontraron a muchos
muertos como pájaros.

Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos reverdecidos
por un invierno de caricias.

Así fue como proliferaron en el mundo los portadores de sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías habladoras de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías,
dijeron que sus palabras eran viejas
-y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua
en el corazón del hombre-
los acumuladores de riquezas les temían
y lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los multiplicaban
y los hacían correr y hablar.

De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado a los que inventaron la manera
de apagar el sol.

Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar por generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales
tuvieron algo que ver con esto,
la verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se queran, se ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y viento
y de todas partes venían a impregnarse de su aliento
y de sus claras miradas
y hacia todas partes salían los que los habían conocido
portando sueños
soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
en que el mundo no tendría que terminar en la hecatombe
y, por el contrario, los cientificos diseñarían
fuentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos -imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos -decían los presidentes en sus discursos.
Son peligrosos -murmuraban los artífices de la guerra

Hay que destruirlos -imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos -decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos -murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder
y por eso no se extrañaban
Y también sabían que la vida los habia engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.
Y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Y por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores
y los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.

Y en el mundo se ha desatado un gran tr+afico de sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
y por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
y la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazónes
o en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres que los cargan.

Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arcoiris
y soplo de fecundidad las raices de los árboles.

Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
Sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

 


 

PARA JUAN GELMAN

 

Pienso Juan
que somos
exactamente lo que somos,
un hombre y una mujer
andando de corrido por el mundo,
con una suave interrogación
detrás de los ojos
y las manos abiertas
buscando pájaros azules,
victorias,
calmantes para el dolor,
sombras para guarecernos de las lágrimas,
espejos donde mirar
para encontrar quien ve
sí dulcemente, con la misma dulzura,
sí tiernamente, ternura desde adentro;
quién nos desaloja de la soledad,
nos deja sin más sol que el sol,
calientitos;
quién nos pasa
todo el calor de vida que llevamos,
las cosas lindas que también juntamos
las revoluciones que ganamos,
la esperanza que nos levanta al viento,
de ojo a ojo,
de sangre a sangre.
Quién nos junta como amaneceres
de un mismo país
para mezclar alegría con tristeza
y sacarnos andando bajo los árboles
como tercos animalitos
husmeando el amor.

Pienso Juan
que hay un espejo
donde nos reflejamos
al mismo tiempo.

 


 

PEQUEÑAS LECCIONES DE EROTISMO

I
Recorrer un cuerpo en su extensión de vela
Es dar la vuelta al mundo
Atravesar sin brújula la rosa de los vientos
Islas golfos penínsulas diques de aguas embravecidas
No es tarea fácil - si placentera -
No creas hacerlo en un día o noche de sábanas explayadas
Hay secretos en los poros para llenar muchas lunas

II
El cuerpo es carta astral en lenguaje cifrado
Encuentras un astro y quizá deberás empezar
Corregir el rumbo cuando nubehuracán o aullido profundo
Te pongan estremecimientos
Cuenco de la mano que no sospechaste

III
Repasa muchas veces una extensión
Encuentra el lago de los nenúfares
Acaricia con tu ancla el centro del lirio
Sumérgete ahógate distiéndete
No te niegues el olor la sal el azúcar
Los vientos profundos cúmulos nimbus de los pulmones
Niebla en el cerebro
Temblor de las piernas
Maremoto adormecido de los besos

IV
Instálate en el humus sin miedo al desgaste sin prisa
No quieras alcanzar la cima
Retrasa la puerta del paraíso
Acuna tu ángel caído revuelvele la espesa cabellera con la
Espada de fuego usurpada
Muerde la manzana

V
Huele
Duele
Intercambia miradas saliva impregnate
Da vueltas imprime sollozos piel que se escurre
Pie hallazgo al final de la pierna
Persíguelo busca secreto del paso forma del talón
Arco del andar bahías formando arqueado caminar
Gústalos

VI
Escucha caracola del oído
Como gime la humedad
Lóbulo que se acerca al labio sonido de la respiración
Poros que se alzan formando diminutas montañas
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
Suave puente nuca desciende al mar pecho
Marea del corazón susúrrale
Encuentra la gruta del agua

VII
Traspasa la tierra del fuego la buena esperanza
navega loco en la juntura de los océanos
Cruza las algas ármate de corales ulula gime
Emerge con la rama de olivo llora socavando ternuras ocultas
Desnuda miradas de asombro
Despeña el sextante desde lo alto de la pestaña
Arquea las cejas abre ventanas de la nariz

VIII
Aspira suspira
Muérete un poco
Dulce lentamente muérete
Agoniza contra la pupila extiende el goce
Dobla el mástil hincha las velas
Navega dobla hacia Venus
estrella de la mañana
- el mar como un vasto cristal azogado -
duérmete naúfrago.

 


 

REGLAS DEL JUEGO PARA HOMBRES QUE QUIERAN AMAR A MUJERES

 

I
El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
con que yo estaré al lado suyo.

III
El amor del hombre que me ame
será fuerte como los arboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo

V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.


VI
El hombre que me ame
hará poesia con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII
Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII
El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

 


 


SENCILLOS DESEOS

Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias
en el pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes verdades
o las más grandes mentiras
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del mundo
que me querés mucho
cosas así
tan sencillas
tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera dependiera de que los míos
sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andés mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seás la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero como una gran ola de ternura
deshaciéndome
un ruido de caracol
un cardumen de peces en la boca
algo de eso
frágil y desnudo
como una flor a punto de entregarse a la primera
luz de la mañana
o simplemente una semilla, un árbol
un poco de hierba
una caricia que me haga olvidar
el paso del tiempo
la guerra
los peligros de la muerte.

 


 

TODO SEA POR EL AMOR

 

Tantas cosas he hecho por vos
que tengo que cuidar
que su recuento no te suene a reclamo;
porque todo ha sido hecho en virtud del amor
y los relámpagos y ciclones que solté
de la caja de Pandora
que un día me pusiste en las manos
si es verdad que han dolido,
que muchas veces me han arrancado piel de la raiz
y me han hecho buscarme el corazón
con miedo a no encontrar su pasito de soldado,
han sido mi propia, soberana decisión,
mi perdición, mi gozo,
por los que me he conocido más mujer
capaz de escaladas, acrobacias,
tenacidad de burra rentada,
por los que he recorrido sendas ignotas,
mareada por el olor tan cercano de la felicidad
y te he buscado detrás de gestos y puertas
y hasta de la manera de abandonar tu ropa
y cuando te he encontrado
me he abierto de par en par
como jaula repleta de ruiseñores
y he sabido también como se siente
tener un astro deslumbrante en las entrañas.

No quiero pues, equivocarme con reclamos;
me hago responsable del sol y de la sombra,
pero, ay amor, cómo me duele
que estando yo en tu espacio
como estrella errabunda
fieramente colgada por vos en tu Universo,
no me hayas descubiero el resplandor,
no me hayas habitado,
tomado posesión de mi luz
y sólo te hayas atrevido
a palparme
-como un ciego-
en la oscuridad.

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