Pablo Mora
Venezuela
Autoantología
PARA RECOGER la rabia y la ternura de los sueños.
Para escudriñarle los secretos a las piedras.
Para adentrarnos en la memoria de los soles. Para recordar
la vida de alguien que se llamó Fray Luis y era
poeta. O María Bonita a secas. Para encontrarle
los quinientos y tantos sinónimos a eso que llamamos
elegir.
Para llegar al corazón del hombre que nos mira
desde arriba, de la estrella. O desde abajo, nos grita,
nos pide le ayudemos
Para afinarle la guitarra a alguna tarde. Para dar
con el nombre exacto de las cosas. Para descifrar la
semiótica de las flores, las estrellas, los temblores
y los pobres.
Para levantarse a las tres de la madrugada a torear
la muerte, llena de una larguísima tristeza con
tantos pasos para dar con uno.
Para sabernos vivos todavía bajo el granado
trigal de la noche insomne, rumorosa de viento alto
y de luceros.
Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de
un pedacito más de vida. Para burlarnos de las
comillas de modo que el plagio siga siendo eterno, consubstancial
al hombre.
Para saludar a la nieve allá en Saluggia o recordar
que a veces el azul está de luto. Para sentir
los taladros de la muerte o las pisadas nocturnas del
labriego o los pasos de Dios sobre el planeta.
Para saber que al hombre lo vigila el corazón.
Para convencernos que roja será la rosa en el
azul del sueño. Para llegar al mar y a tanta
llamarada viva.
Para caer en cuenta que calladamente, todo, el hombre
va dejando. Para acompañar la vida a sol y sombra,
donde sea preciso. Para confiar en la vida repentina
o en la dicha de vivir completamente.
Para dar con la lluvia deshojada. Para la soledad,
el musgo, el conticinio Para cobijar el soñar
de la demencia.
Para la verdad que sólo conocen las estrellas.
Para vigilar nuestra rebelde sembradura. Para el fogonazo
o la luz total de nuestras cosas.
Dicho entre comillas, para revelar el mundo, el hombre;
para protegernos de la muerte con pistolas cargadas,
capaces de hacer que cada hombre tenga que inventar
cada día.
Para contarle a Manuel Felipe que nadie le canta a
la neblina o apenas si se ven las mariposas. Para caer
en cuenta de la nada.
Para que el niño de la Tierra tenga al lado
de un Platero su guitarra. Para que la ancha pena dolorida
se esfume diariamente en la alegría.
Para entonar el sideral concierto del turpial. Para
alojar en el alero a la antigua serenata.
Para que a Jara lo lleve una paloma entre sus alas.
Para abrirle las puertas a la noche por donde pase la
ilusión del alba.
Para que el arco iris vesperal al hombre de la estrella
nos remonte. Para que la aurora sea capaz de convertirse
en Dios. Y el canto de la alondra instaure la alegría
en el viejo dividive.
Para que el arma se deponga pronto y se empuñe
la paz de la mañana. Para que cese el cósmico
dolor de la galaxia. Para que a tantas guerras desbocadas
las detenga un bordón adormecido.
Para saber que está completamente prohibido
llorar sobre los vivos y menos aún sobre los
muertos.
Para abrazarnos a la Paz desde las barricadas de la
guerra. Para prestarle al Comandante su montaña,
su sierra, sus morteros; su soledad, su naufragio, sus
planos, sus trincheras, sus secretos; su escondite,
sus manos, sus portentos; para empuñar fusiles
nuevamente.
Para prestarle su mochila, su escopeta, su carabina,
su boina, su barba, su estrella, su bandera o arrechera;
su revólver, su camisa, guayabera y documentos.
Sus botas, su pistola, su dolor, su ternura, su sonrisa,
su tormento y recovecos; su frente, su fusil y sus morteros;
su fuerza, su foco, su asma, su garganta y su pañuelo.
Su morral, su memoria, sus veredas; su nobleza, su
magia y suerte y comunión y poesía y espera;
el tiempo que le falte para una Nueva Era.
Para respirar juntos el silencio del silencio del silencio
del silencio del silencio...
¡Para esa Gruta Clara y Luminosa! ¡Toda
nosotros, toda violencia, toda muerte!
Para la aspiración. Para la espiración.
Para la queja, la aflicción, para el deseo. Para
que sople el viento blandamente.
Para respirar el aire que quedó en la infancia.
Para juntar todos los pasos y oír la algazara
de los sueños. Para los silencios de las sombras
que esconden a su Dios. Para el azul que ennegrece en
las colinas. Para la aldea sin molinos, para sus casas
de cal, sus cafetales, sus veredas, sus esquinas, húmedos
de llorar por dentro, de tanto ser testigos.
Para el silencio de la arboleda. Para espiar cada aurora
y comprobar claramente que el día no existe,
que la noche se apoderó del mundo.
Para enredar las trinitarias con el melindre, la harina
y el azúcar del silbido penetrante de la flauta
pequeña de los ángeles. Para cantarle
a la fogata. Para la serena mirada de la abeja en medio
de la plegaria de la violeta y el responso de la araña.
Para ese párpado de hormiga que apenas somos.
Para el letargo de las horas, donde yacen el alarido,
la conciencia, las carnes vulneradas.
Para despertar a latigazos el silencio.
Para los estambres, las astillas y estallidos.
Para estrenar truenos, trenos, trinos, tiros,
franjas, fraguas, fragores, fogonazos...
Manifiesto
Martes, 4 de septiembre de 2001
Desde nuestra misma antigüedad. Frente a este
amanecer en fogarada. Con voz y voto y veto. A rodear
este esfuerzo. A superar este pleito, vuestro, nuestro.
Venidos del tifón en infección batiente,
irrumpamos contra la sangrienta demencia que de antiguo
atenta con la tribu. Detrás el mito y su atroz
corriente. El águila rapaz y su avaricia loca.
Toda espumeante de historia, tragedias y misterios,
exhalando el vaho putrefacto de los siglos, sorbiendo
la polvareda de las necias apetencias, alcantarilla
de los grandes asesinos en el desesperado despresamiento
de los siglos, en el despellejamiento abismal de las
brechas, trojes o caminos. Hasta ese horrendo desaguadero
de la muerte, toda una pálida cargazón
de cad! áveres revolotea en la garganta de la
fiera.
Todo frente al cómplice silencio para distraer
el hambre de los humildes o arrancarle el fruto de sus
sienes. Blancos simios, responsables de la lívida,
azulosa desolladura de las grandes heridas, tatuadas
en el hondón del callado petroglifo, el mismo
que lanza a la conciencia y a la fronda descubierta
el grito sempiterno, adolorido. Entretanto, largas,
confusas estaciones en las que levanta, amasa y cuece
el hombre su pan escaso, esparcido por el viento, buscando
la pulpa ausente de los frutos vivos, idos.
Unos y otros disimulando las razones del hambre con
la deglutación de la sosa saliva del ideologismo,
eludiendo siempre los hechos ineluctables de la vida,
las cosas entrañables del hombre y de sus hambres.
Babeantes, incompletas verdades, vertiendo su estiércol
entre nosotros, retrasando nuestra marcha hacia el pan
de cada día. Hombres de toda condición,
de toda opinión, de toda fe, de toda creencia,
de toda parcialidad, hombres de idéntica miseria
bajo los pendones y los símbolos de los expoliadores:
ved en qué se trocaron los nidos en que tratasteis
de albergar el exceso de ternura de vuestra condición.
Solos, en cuclillas, insomnes, en vigilia creadora,
permanente, con voz y voto y veto, a rodear este esfuerzo.
A superar este pleito, vuestro, nuestro. ¡No más
cólera! ¡No más odio! ¡No
más amedrentamientos! ¡No más conflicto!
¡No más miedo! ¡No más persecuciones
o amenazas! ¡No más planes foráneos,
malolientes, traicioneros! ¡No más falsarios
de la razón! ¡No más odio contra
el pueblo! ¡No más leyes putrefactas! ¡No
más cólera contra el pobre! ¡No
más hambre por las casas! ¡No más
muertes por las calles, la sierra o la arboleda! ¡No
más palacios grises! ¡No más aras
frías! ¡No más templos necios! ¡No
más prisiones mortecinas! ¡No más
simios! ¡No más fronteras fatuas! ¡Sólo
casas! ¡Sólo el hombre! ¡Sólo
nuestra condición! ¡Sólo hogares
para el hombre! ¡Sólo campos! ¡Sólo
pan, trabajo, libertad! ¡Sólo aradas del
hombre! ¡Sólo amor multiplicado en pan,
en paz y en libertad! ¡Muera la esclavitud! ¡Muera
el hambre! ¡Muera el miedo! ¡Vida, paz y
libertad! ¡Ciencia, Amor, Saber! , Bondad! ¡Revivamos
Paz y Dignidad! ¡Hacia el camino fulgente de la
Luz! ¡Hacia la luz total de nuestras sombras!
Al cabo estábamos volando, conversando, furiosos,
incorpóreos, dando vueltas en torno a la vida,
alzando los brazos como relámpago, abriendo los
cedros, los soles, las tardes, las noches, y desentrañándonos,
desentrañándonos más allá
de nosotros, buscándonos, Gentes del sueño
y Gentes del viento, nubes con humo en cristal de poesía,
en el patio de ladrillos y cielo, en el tiempo de las
manos, siempre bajo el sol, bajo la noche.
Del sueño y de los vientos, en errancia furibunda,
a la ruta nos debemos. Atrás quedan las puertas
quejándose en el viento. Atrás queda la
angustia con espejos celestes. Atrás el tiempo
queda como drama en el hombre: engendrador de vida,
engendrador de muerte. El hombre siempre solo, con su
mirada, suya, con sus recuerdos, suyos, y con sus manos,
suyas. El hombre interrogando a sus calladas sombras,
viajero, insomne, descontento, anónimo, oscuro,
devorado, dormido bajo las estrellas de otro mundo,
oyendo una campana de antiguos molineros.
El hombre, ceniza de un constante fulgor, borrasca,
grito y alborada, despeñadura enloquecida, locura
en lucha con su pena, en indistinta celebración
de vida, cuidando los helechos, la noche que roza los
helechos, noche abajo, perdido entre las sombras y las
nubes, celebrando vida, vivo todavía, bajo el
granado trigal de la noche insomne, rumorosa de viento
alto y de luceros.
Nada tenemos contra la muerte. Pero nos hubiera gustado
vivir la promesa de un paraíso donde el amor
fuera posible sin la espina de su corona. Siempre la
misma poesía. Nos deslumbra el goce imperfecto.
Sin saber cuántas vidas hemos vivido, hay cauces
que aún no hemos alcanzado. Cauces que nos cubren,
nos circundan, nos acusan, nos gritan, nos reclaman.
Hay cajas de madera, ruinas circulares, objetos rescatados,
palabra, imagen, reciclaje, poetas enfrascados. Dos
poetas, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, gallos
flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez.
Justo un toque de campanas para alborotar plumajes.
El vientre, el útero cósmico, un modo
de estar en sueño, de preservar los mil ojos
de la memoria, el orden cósmico, el magma, la
visión, el timbre, los arpegios. Porque venimos
de la noche y hacia la noche vamos. Venimos de los frascos
y hacia los frascos vamos. Esta es la sombra repitiéndose,
el hombre, pincelazo en el paisaje, ara de dolor, barro,
claroscuro, como un faro en mitad de la noche, ruido
en el tifón de la noche, abandonado a las aguas,
resistiendo, en la tierra de la noche, como un árbol
después de la tormenta, ¡único huésped
de la noche sola!
Insomnio
NOSOTRAS Y NOSOTROS
poetas de un siglo moribundo, náufragos de
apabullantes hormigueros de concreto. Hijos de Bolívar
y del Che. Del sol, del viento y de las lluvias. Hermanos
de Violeta, Alí, Víctor, John Lennon
y sus guitarras vivas. Camaradas de la rosa, de Aquiles,
de Argimiro. A poco de ver nacer el siglo que evocará
nuestros nacimientos y barbaridades, al terminar de
pintarle de rouge los labios a la luna.
CONSIDERANDO
- En frío, imparcialmente, que el hombre es
un animal lóbrego, mamífero, que suda,
almuerza y se abotona.
- Lo cercano de la belleza, hecha catarata en nuestras
montañas.
- El enorme embrutecimiento, somnolencia y parálisis
en que discurre nuestro pueblo, enloquecido con tanta
publicidad ajena y propia.
- Que la alegría es el único bien que,
repartiéndolo, aumenta siempre.
- Que se precisa una gran dosis de insomnio para ocuparnos
de las sombras de los sueños, esas tremendas
largas sombras legañosas.
- Que no ha habido obra maestra que no provenga del
insomnio.
- Que son las horas de vigilia las que deparan las
mayores recompensas a las artes, al universo poético
del hombre.
- La necesidad del fusil allá en las tierras
de Cantaura, Boca de Monte o Tancipay, Timotes, El
Morro, Tabay, Chachopo o Las Piedras.
- La necesidad imperiosa de desarrollar la parte femenina
del hombre y la parte masculina de la mujer, pudiendo
estos procesos ser irreversibles.
- Que para descubrir, revelar o reinventar todos los
palomares requeridos por la paz, el insomnio es totalmente
indispensable, ineludible.
- Que el día por desgracia es de los vivos;
en tanto que la noche, pletórica, de sabios.
DECRETAMOS
- Que sólo haya día para el hombre.
- Que se acaben las almohadas, las cobijas y que sólo
haya ruanas para estar con el relente de las horas
y saber qué nos dice cada noche el conticinio,
cuando todas las cosas callan.
- La diurnidad en las veinticinco horas de los relojes,
sean de tierra, cuarzo o sol.
- La vigilia permanente hasta que "al amanecer,
armados de una ardiente paciencia, entremos en espléndidas
ciudades".
- La visión permanente de la noche para escudriñarle
sus secretos y ver en las madrugadas el alumbramiento
o desbotonadura de las rosas.
En una palabra, el INSOMNIO.
- Insomnio en todo el territorio nacional culto,
intelectual o no; urbano, campesino, rural o burocrático.
- Insomnio para la creación de una Compañía
Cafetalera o de Frailejones al servicio del insomnio,
capaz de cubrir los trasnochos derivantes.
- Insomnio para la editorial de la esperanza, para
las creaciones que provengan de las medianoches y
de las madrugadas, de mano con la brisa.
- Insomnio para la suspensión provisoria de
los debates sobre el orgasmo, el divorcio, el adulterio
o el aborto.
- Insomnio para la meditación general sobre
nuestras cosas, verdades, engaños, dolos y
mentiras.
- Insomnio para la resurrección de Maiakowski,
Baudelaire, el Chino Valera Mora, Ramos Sucre, Zalamea;
Otero Silva y Rimbaud. Su resurrección en cada
uno de nuestros actos y nuestros orgasmos, creadores
o no creadores y procreadores.
- Insomnio para el reconocimiento de los hijos del
padrastro o del Espíritu Santo en pleno insomnio.
- Insomnio para la gente, las flores, las ventanas,
los cafetales, azulejos, espejuelos y apamates.
- Insomnio para el serenatero, la chícara,
las orquídeas y alambiques.
- Insomnio contra el espantoso cáncer diurno
que se cuela por las calles ciegas de concreto.
- Insomnio para el viento, los torrenciales, las mariposas,
los ventisqueros, pastizales y gusanos.
- Insomnio para el ciego y sus costumbres.
- Insomnio sin meleril, ativán, stelazine,
sinogán o fenobarbital especial, que tanto
daño hacen al insomnio. Para que dejen libres
las aspas de la vida de una vez por todas.
- Insomnio para cada uno de nuestros zancudos, implacables
camaradas camuflados en los sueños, para que
nos ayuden a despertar las piernas, la arrechera,
nuestras ojeras, nuestros ojos Insomnio para los espejos,
las arrugas y caderas.
- Insomnio general, con permiso de los psicólogos
y sus hermanos, los psiquiatras.
- Insomnio para los burócratas de manera que
justifiquen las mañanas libres, tendidos nada
más sobre "lo pendiente" de sus Planes
Operativos.
- Insomnio para que se acaben las misas matutinas
y cada quien las celebre en su hogar, al mediodía
o en la tarde, con su mujer y sus hijos o sus nietos,
los gonzalitos, las golondrinas, los turpiales y las
paraulatas.
- Insomnio para verle las rosas pestañas a
la aurora, la que será de ahora en adelante
nuestra primera camarada, hasta darle un viraje a
tanta sombra, puesta la mano en los arietes.
- Insomnio para las enfermeras, de modo que no dejen
morir las nuevas criaturas, los poetas que demanda
la aurora del dos mil. Insomnio a partir de la muerteviva
de quien sabemos renace cada cien años cuando
despierta el pueblo, siendo roja la rosa que recuerde
su paso.
- Insomnio para los diciembres, electorales o no,
los que falten para verle la cara a la esperanza.
- Insomnio para dar con el alma del paisaje o con
el arma errante de Cantayumare, la que ha de acompañarnos
en la lucha de este tiempo sin nombre todavía.
- Insomnio para la paz entre nosotros, nuestros hormigueros,
enramadas, bosques, solares, farallones y neblinas.
- Insomnio en cada aldea del planeta, la más
pobre en esta noche, la que no haya sabido de ningún
milagro, la que esté virgen todavía
o en el desierto gima.
- Insomnio para que nazcan flores en las plazas y
los campos y llevemos a pasear las mariposas a La
Romería, La Parada, Mesa de Aura, París,
Roma o Buenos Aires. A Los Chorros, a Los Médanos,
a Canaima, Cachamay, La Hacienda o La Llovizna. A
Las Coloradas, El Tequendama, El Chimborazo o Santa
Marta.
- Insomnio para los impotentes que no saben que el
coito mayor se hace con el alma como los ouroboros
cuando se desguazan a sí mismos con el alba.
Insomnio porque hay mucho que ver y que mirar mientras
nazca la paz entre los hombres.
- Insomnio para irnos con la noche y con la luna a
buscar los duendes de la aldea.
- Insomnio de ahora en adelante, Insomnio desde este
ventanal iluminado, desde esta azulada atalaya enrojecida,
para seguirle el paso a las batallas y emprender las
que hagan falta todavía.
- Insomnio cargado de neblina, siempreviva, amorardiente
y también con las aguas del Torbes y del Quinimarí;
del Albarregas, Cabriales, Orinoco o Caroní;
Guanda, Plata o Tuira. Unas para espantar al diablo.
Otras para enamorar las rosas y las abejas que aparezcan
detrás de los caminos.
Insomnio quisqueyano, nicaragüense, andino. Oriental,
cubano. Central, mundial, argentino. Peruano, maracucho
o mejicano. Insomnio para el llano que duerme con
la luna. Insomnio para el infortunio de Caracas que
no sabe que tiene un ángel despierto entre
su alma.
- Insomnio hecho en Venezuela al lado del Caribe.
Pensando en América, la Patria. Para el mundo
de hoy de mañana. Con la gracia imponente de
recias madrugadas.
- Insomnio para los puentes colgantes, a riesgo, de
nuestros mutuos ríos.
- Insomnio hasta el último aliento de la vida.
- Insomnio nada más para la noche.
JURAMOS
- No dar descanso a las pestañas hasta dar
con la unidad de nuestro pueblo - nuestros pueblos
- y el espacio verbal intelectual, en el que ha de
renacer la Poesía que irá por las calles
del dos mil con nuestras firmas y nuestra propia sangre,
alegre, entre las venas o corriendo por Cantaura,
por Yumare, El Amparo. Guantánamo, Chiapas,
Santa Cruz o Valle Grande.
- Insomnio, apuntala nuestros días, sepulta
nuestros odios, enrumba nuestra paz y nuestras armas
cargadas de futuro.
Definitivamente,
- Insomnio, insomnio, insomnio, insomnio, insomnio.
Luz, luz, luz, fuera de la luz la muerte.
- Tras un amanecer que al fin alumbre un día
con la noche esclarecida de azul mañana que
la fe vislumbra.
- Insomnio, insomnio, insomnio hasta la muerte. Luz,
luz, luz, fuera de la luz la muerte. ¡Insomnio
para el hombre de este tiempo!
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